Un niño que quería hacer música

Un niño que quería hacer música

Fui un niño solitario, pero en las horas en las que nadie observaba creaba canciones. Primero imaginaba la letra, luego venía la melodía, casi inmediatamente, y las canciones hablaban sobre mi gato, mi familia, las cosas que vivía. Algo era seguro: esas canciones eran solo para mí. Hasta que comencé a hacerlas escuchar. Mientras mi mamá lavaba la ropa en un fuentón se las cantaba, y le pedía su opinión. Recuerdo que había algo importante y urgente en esas canciones, de pronto se volvió necesario darlas a conocer. Experimentando descubrí que si cantaba sobre la boca de un florero de yeso mi voz sonaba oscura y redoblada por el eco. Las primeras grabaciones quedaron en un cassette, y como el timbre de mi voz no me gustaba demasiado prefería grabarlas usando el florero de micrófono. Un niño que hace música acaso sabe que sus canciones son necesarias para el mundo, pero su timidez no le deja ver el valor que tienen. Crecí pensando que algo debía hacer para cantarlas sin miedo. Un día papá me llamó desde la pieza para darme un regalo de cumpleaños, sobre el escritorio había un pequeño teclado. Todavía recuerdo el momento, y el corazón que latía preguntándose: ¿Cómo podré transformar en sonido todo lo que hay en mi interior?...